Educación  Divergente

La Educación Divergente surge a partir del concepto del pensamiento divergente o pensamiento lateral del psicólogo maltés Edward De Bono quien afirmó que el pensamiento divergente es una forma de organizar los procesos de pensamiento a través de estrategias no ortodoxas. Consiste en la búsqueda de alternativas o posibilidades creativas y diferentes para la resolución de un problema. Se puede incluir el pensamiento divergente dentro del pensamiento creativo, relacionado más con la imaginación que con el pensamiento lógico-racional. El objetivo, pues, es generar ideas que escapen de los lineamientos del pensamiento habitual.

 

El modelo basado en desafíos es el que se aplica en La Educación Divergente. El modelo basado en desafíos es el que se aplica en Consiste en partir de la Zona de Desarrollo Proximal del estudiante para poder construir las competencias necesarias. Los temas se eligen de acuerdo a las necesidades de los propios estudiantes por lo que el aprendizaje tiene sentido para cada uno de ellos. A partir de una evaluación diagnóstica se definen tanto los conocimientos previos, como los estilos de aprendizaje e inteligencias con las que cuenta el estudiante para estructurar secuencias didácticas que les resulten motivadoras, estimulantes y que sean susceptibles de apropiación por parte de ell@s.

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El Modelo Basado en Desafíos (MBD) sustenta su marco teórico en las corrientes constructivistas del aprendizaje, contempla aspectos importantes como las inteligencias múltiples, el aprendizaje significativo y la detonación de talentos, desde una perspectiva humanista que contempla 5 ejes fundamentales:

 

  • Excelencia

  • Congruencia con la realidad actual

  • Ruptura de paradigmas organizacionales de la escuela (tareas, horarios y materias)

  • El docente como “dificultador-desafiante”, no como “facilitador” del aprendizaje.

  • Investigación acción participativa (IAP)

 

La escuela no puede seguir siendo el espacio vinculado mentalmente a la represión, la violencia y la obligatoriedad pues remite a los estudiantes y a los propios docentes a una relacionalidad negativa, donde sólo es necesario cumplir las formas y las apariencias. Uno de los grandes males que ha atacado a esta institución es la simulación, de ahí que sea necesario reinventarla. En la CICE, a lo largo de 5 encuentros iberoamericanos y del trabajo profundo de nuestros investigadores asociados, hemos podido replantear una reinvención escolar profunda que se aglutina en el concepto “Educación Divergente”.

 

Esta propuesta, que aspira a convertirse en sistema, está integrado por tres modelos, uno de ellos, el más importante, el pedagógico que es justamente el Modelo Basado en Desafíos. Los otros dos modelos son de gestión escolar y de relacionalidad que abordaremos en documentos posteriores.

 

El MBD surge de la necesidad, planteada por miles de docentes a lo largo y ancho de Latinoamérica y con la participación de algunos investigadores españoles, de entender que la escuela se ha desgastado a tal grado que no se puede reconstruir sobre los mismos cimientos, sino que es necesario una deconstrucción para iniciar una reinvención. Utilizamos el concepto de reinvención pues no basta con los elementos teórico-técnicos para entender lo que de la escuela se demanda en este momento por parte de nuestras sociedades.

 

El gran negocio que constituye la escuela no sólo para los empresarios que ofertan servicios educativos sino para los gobernantes es el seguir “re-edificando” sobre la misma estructura que no responde a la realidad de una “Era de la información” que afirma pretender convertirse en una del conocimiento. Necesitamos no sólo solucionar las demandas del mercado laboral, proporcionando así una posibilidad real de cumplir con la promesa con la que surge la escuela hace más de dos siglos, que es la movilidad social, sino que requerimos ir más allá: preparar a nuestros niños y jóvenes para construir conocimiento.

 

Y este no es un desafío menor, entender que las “nuevas pedagogías” han dejado en la indefensión a millones de niños que ya se están convirtiendo en adultos es enfrentarnos a la más cruda realidad de nuestro mundo actual, pero reconocerlo es el primer paso para darnos cuenta de que reconstruir o reformar no es siempre el mejor camino. Enseñar a estudiantes con maestros que han sido formados para un mundo que ya desapareció parecería tarea titánica, sin embargo es necesario darnos cuenta que es con lo que contamos, es el capital docente más valioso que poseemos y muchos de estos profesionales han demostrado que son capaces de dejar la piel en el aula, con ellos podemos iniciar el cambio paradigmático que tanto requieren los países de la región.

 

Sabemos que bregaremos contra corriente, pero no nos importa, el conocimiento surge así, generando tensiones y conflictos cognitivos, de lo contrario no adquiriría su valor con el tiempo. 

 

Modelo Basado en Desafíos

Esta propuesta, que aspira a convertirse en sistema, está integrado por tres modelos, uno de ellos, el más importante, el pedagógico que es justamente el Modelo Basado en Desafíos. Los otros dos modelos son de gestión escolar y de relacionalidad que abordaremos en documentos posteriores.

 

El MBD surge de la necesidad, planteada por miles de docentes a lo largo y ancho de Latinoamérica y con la participación de algunos investigadores españoles, de entender que la escuela se ha desgastado a tal grado que no se puede reconstruir sobre los mismos cimientos, sino que es necesario una deconstrucción para iniciar una reinvención. Utilizamos el concepto de reinvención pues no basta con los elementos teórico-técnicos para entender lo que de la escuela se demanda en este momento por parte de nuestras sociedades.

 

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la excelencia

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El Modelo Basado en Desafíos se integra desde la visión de que  no podemos conformarnos con ser una escuela regular, que cumple estándares e indicadores estructurados desde una perspectiva tecnócrata y funcionalista, superficial. Debemos entender que el proceso de aprendizaje no es tan tecnificado como el proceso de enseñanza.

 

Nosotros podemos explicarle los pasos, la “receta” a un docente para estructurar una “buena clase” (juzgado desde un parámetro muy básico, puramente laboral), pero no podemos metodologizar el proceso de aprendizaje de cada estudiante.

 

Procesos de aprendizaje hay tantos como estudiantes y eso es lo que tenemos que entender en primera instancia, entonces no existe una única receta infalible, cada profesor deberá asumirse como un artista que constantemente investiga, plantea, crea, implementa y puede ser que fracase, pero es justamente esta prueba y error lo que lo va perfeccionando en su trabajo, por lo que el fracaso se integra al proceso de éxito.

La aspiración es la excelencia, pero también debemos empezar a entender, para aplicar el MBD, que los docentes no deberían estar solos en esta titánica labor.

 

Los profesores cuentan con una estructura que debería existir para apoyarles, no para fiscalizarlos, para reprimirlos y constreñirlos. Las autoridades educativas, el personal administrativo, los colegas de otras áreas, los propios estudiantes y sobre todo los padres de familia deben ser sumados a esta labor.

 

Un docente solo no puede lograr la excelencia, la verdadera, no la que forma soldados preparados para solucionar cualquier prueba estandarizada que les presenten, sino la que proveerá a los estudiantes, en el presente y el futuro, de herramientas para enfrentar un mundo cada vez más complejo y competitivo que requiere personas creativas, flexibles y resilientes, capaces de lograr objetivos y enfrentar desafíos.

 

Congruencia con la realidad actual

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En el MBD, por tanto, estructuramos desafíos reales, no los que se diseñan en las oficinas de los burócratas o de los “expertos” que viven alejados de las aulas. Entender que la realidad es parte de la vida de un niño nos introduce en un mundo diferente; es cierto que de acuerdo al nivel cognitivo del estudiante y del propio profesor, así como de la escolaridad en la que se encuentra la visión será diferente, y los intereses desde luego varían, pero no podemos obviar lo que sucede en la vida cotidiana de un niño, ni evitar que esa realidad se introduzca en el aula, por el contrario, eso nos dará material para poder enfrentar la búsqueda del conocimiento, siempre pensando en que el aprendizaje se produzca en el nivel, de acuerdo a una escala particular del estudiante, del docente y del contexto, más alto posible. La exigencia para lograr ese grado es lo que conducirá a la excelencia.

 

No podemos conformarnos con un nivel de dominio básico del tema cuando las condiciones nos permiten y nos impulsan a lograr uno medio o alto. Estos factores deberán ser determinados tanto por el profesor como por el propio estudiante. Debemos dejar en claro que sin la cooperación del aprendiz es imposible emprender cualquier objetivo de aprendizaje, así sea el más mínimo, de  ahí que necesitamos involucrarlos en su propio proceso. 

 

La mayoría de los profesores prefiere ceñirse a un libro de texto, pero esta práctica, lo hemos podido comprobar, nos ha confinado a un nivel de mediocridad que se extiende a lo largo y ancho de diversos países, especialmente en los que, como México, se piensa que la única posibilidad de plantear un tema es tomando al pie de la letra un texto estructurado por “expertos” que desconocen la realidad en que será aplicado ese material.

 

Entender que el conocimiento se da cuando menos lo esperamos es una ruta que puede llenarnos de  incertidumbre. Durante muchas décadas los profesionales educativos hemos estado a la búsqueda de zonas de confort, espacios, herramientas y metodologías que nos provean de la seguridad necesaria para “cumplir”, sólo eso, cumplir con los requisitos sin ir más allá. ¿Qué haríamos sin horarios, sin materias, sin la tarea? Creemos que estas prácticas nos dan estructura y organización, cuando en realidad nos han circunscrito a un área en la que los estudiantes no demuestran el más mínimo interés por lo que sucede en  la clase.

 

Seamos claros: un alto porcentaje de los niños y jóvenes que acuden a la escuela por obligación (mientras más alto es el nivel escolar más se presenta esta conducta). Si pudieran estarían en otro lugar mucho más motivamente y estimulante. Vivimos en una época muy difícil para una institución que se ha vuelto anquilosada, con procesos altamente tecnificados y metodologizados y hay muchos que piensan que todavía hay que elevar el grado de estas prácticas. Decía Einstein que “la definición de locura es hacer una y otra vez lo mismo esperando resultados diferentes” y ¿qué hemos hecho durante los últimos 50 años en la escuela?

 

Ahora, en fechas recientes, existen voces muy fuertes que se levantan desde Europa (no podemos negar que somos eurocentristas y todo lo que venga del viejo continente lo juzgamos interesante desde antes de conocerlo) y que afirman que las tareas, los horarios y las materias son justamente las barreras que impiden que los estudiantes encuentren algún tipo de estímulo en la búsqueda de conocimiento. Horizonte 2020, planteado por los colegios jesuitas españoles ha demostrado ampliamente que los resultados pueden elevarse dramáticamente, por lo menos en materia de motivación, cuando estos tres elementos desaparecen del panorama.

 

Es por ello que el MBD, en un contexto ideal, plantea la eliminación de estos obstáculos, pero no hay que asustarse, este eje puede implementarse con posterioridad y una vez que se han asumido los otros ejes y podemos sumar a los padres de familia para tener unos valiosos aliados, pues ellos serán los primeros opositores a este planteamiento.

 

Ruptura de los paradigmas organizacionales

de la escuela:

 

(tareas, horarios,

materias)

El docente como dificultador,

no como facilitador del aprendizaje

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Es cierto que todas las corrientes constructivistas plantean un papel “facilitador” del docente y también es cierto que los seres humanos tendemos a la radicalización de nuestras posturas.

 

Nos hemos creado, en el imaginario social, la imagen de un “docente facilitador” que parece incluir rasgos como “ser buena onda”, dialogar con los estudiantes, comprender sus diversas situaciones, entregado a su tarea de realizar más y más dispositivos didácticos que hagan más “disfrutable” y justamente, faciliten, el aprendizaje de nuestros niños y jóvenes.

 

En contraposición tenemos la imagen del profesor rígido, inflexible, siempre de mal humor que regaña y violenta constantemente a sus “alumnos” (porque justamente los ve como alumnos con las implicaciones intrínsecas de esta palabra), que pone obstáculos al aprendizaje en lugar de diseñar nuevos dispositivos y nuevas rutas para motivar la curiosidad de niños y jóvenes.

 

¿Realmente sólo existen esos dos tipos de profesores, o mejor dicho esos dos estereotipos?

 

El docente puede ser y de hecho es mucho más que lo que vemos desde fuera. Un docente comprometido con su trabajo está constantemente actualizándose, pensando, analizando y estudiando cada caso que se le presenta en el aula.

 

Este nuevo paradigma nos requiere un profesor motivado, pero no artificialmente, sino que encuentre en cada intervención pedagógica un nuevo aliciente para llegar a clase, para que sus estudiantes aprendan y justamente no existe mejor motivación docente que constatar que sus estudiantes están aprendiendo. Que la información que adquieren no se queda sólo ahí sino que es capaz de detonar sus talentos, que los lleva a construir sus propios saberes y que el aula es un espacio donde todos disfrutan de estar juntos y de relacionarse desde una posición de pares, de docente-estudiante, pero sobre todo de compañeros de viaje que van descubriendo a la par el conocimiento.

 

Un docente no tiene por qué desgastarse en planeaciones infinitas, debe dominar a tal grado su materia y los procesos pedagógicos que el diseño se convierta en sólo una guía para poder emprender una ruta desconocida y desafiante, pero no debe dar en “bandeja de plata” o la información “digerida” a sus discentes, debe diseñar rutas y procesos que alimenten su curiosidad y que los enfrente a situaciones que no saben resolver, pero, recordemos, partiendo de su propia realidad, no de situaciones totalmente fuera de su contexto, que los pueda llevar a un conocimiento realmente útil (no necesariamente la utilidad debe ser inmediata como se plantea actualmente). Un docente debe ser un dificultador, pero no el estereotipo del “maestro-ogro”, sino de ese “desafiador” intencionado que tenga más preguntas que respuestas.

 

Investigación Acción Participativa (iAP)

La investigación es parte sustancial del modelo, no puede haber desafío que desemboque en la construcción de conocimiento sin una herramienta que le dé una ruta para poder lograr el objetivo de aprendizaje.

 

La colaboración y la reflexión sobre las propias problemáticas a tratar dentro de la estructuración de desafíos resulta sustancial para poder intervenir en el aula de manera motivante. Un estudiante se decepciona a lo largo de los años porque empieza a darse cuenta, citando a Jurjo Torres San Tomé (marzo 2012, Mérida, Yuc., México. Encuentro de saberes indígenas y escuelas rurales SEP), que “(…)la escuela es una novela de Ágatha Cristhie, donde un libro de 100 páginas nos tiene en suspenso durante 98 de ellas pensando que el asesino es el mayordomo cuando en la página 99 nos damos cuenta de que es otro personaje el que ha cometido el crimen, con la diferencia de que en la escuela nunca llegamos a la página 99; cada año, si preguntamos al profesor para qué nos servirá este o aquél conocimiento nos dice: “el próximo año lo sabréis” pero ese año nunca llega y nunca le encontramos sentido a todo lo que estudiamos”.

 

La IAP nos sitúa no como objetos de estudio, sino como sujetos, llevando a la reflexión y transformación de la sociedad. Es cierto que quizá en los niveles iniciales el cambio que podamos realizar nos parezca  mínimo pero la experiencia que hemos tenido en la CICE nos dice lo contrario: un niño de preescolar que aprende a comer sanamente, que por primera vez llega a su casa y platica a su madre que ha comido unas “riquísimas” verduras, abre la puerta para que su madre se plantee sus propios hábitos de consumo y, eventualmente, puede variar los hábitos alimenticios de la familia (Comunidad de Aprendizaje Divergente “Descubriendo” 2015).

 

Así pues la IAP constituye uno de los ejes y al mismo tiempo la herramienta más útil para llegar a los objetivos de excelencia que nos planteamos.

 

La implementación del MBD 

Desde luego que la implementación del modelo en su institución lo planteamos como una propuesta viable, tanto para realizarse en sistemas rígidos, como es el que existe en México, como en modelos más flexibles. No se encuentra en contraposición con ninguno de los paradigmas pedagógicos y psicopedagógicos actuales, solamente se constituye como una nueva ruta para entender que nuestros niños y jóvenes, pero también nuestros docentes requieren de una visión diferente pero dilucidante que nos proporcione certidumbre dentro de este mundo líquido (Bauman) que nos desafía constantemente.

 

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El gran negocio que constituye la escuela no sólo para los empresarios que ofertan servicios educativos sino para los gobernantes es el seguir “re-edificando” sobre la misma estructura que no responde a la realidad de una “Era de la información” que afirma pretender convertirse en una del conocimiento. Necesitamos no sólo solucionar las demandas del mercado laboral, proporcionando así una posibilidad real de cumplir con la promesa con la que surge la escuela hace más de dos siglos, que es la movilidad social, sino que requerimos ir más allá: preparar a nuestros niños y jóvenes para construir conocimiento.

 

Y este no es un desafío menor, entender que las “nuevas pedagogías” han dejado en la indefensión a millones de niños que ya se están convirtiendo en adultos es enfrentarnos a la más cruda realidad de nuestro mundo actual, pero reconocerlo es el primer paso para darnos cuenta de que reconstruir o reformar no es siempre el mejor camino. Enseñar a estudiantes con maestros que han sido formados para un mundo que ya desapareció parecería tarea titánica, sin embargo es necesario darnos cuenta que es con lo que contamos, es el capital docente más valioso que poseemos y muchos de estos profesionales han demostrado que son capaces de dejar la piel en el aula, con ellos podemos iniciar el cambio paradigmático que tanto requieren los países de la región.

 

Sabemos que bregaremos contra corriente, pero no nos importa, el conocimiento surge así, generando tensiones y conflictos cognitivos, de lo contrario no adquiriría su valor con el tiempo. 

 

El gran negocio que constituye la escuela no sólo para los empresarios que ofertan servicios educativos sino para los gobernantes es el seguir “re-edificando” sobre la misma estructura que no responde a la realidad de una “Era de la información” que afirma pretender convertirse en una del conocimiento. Necesitamos no sólo solucionar las demandas del mercado laboral, proporcionando así una posibilidad real de cumplir con la promesa con la que surge la escuela hace más de dos siglos, que es la movilidad social, sino que requerimos ir más allá: preparar a nuestros niños y jóvenes para construir conocimiento.

 

Y este no es un desafío menor, entender que las “nuevas pedagogías” han dejado en la indefensión a millones de niños que ya se están convirtiendo en adultos es enfrentarnos a la más cruda realidad de nuestro mundo actual, pero reconocerlo es el primer paso para darnos cuenta de que reconstruir o reformar no es siempre el mejor camino. Enseñar a estudiantes con maestros que han sido formados para un mundo que ya desapareció parecería tarea titánica, sin embargo es necesario darnos cuenta que es con lo que contamos, es el capital docente más valioso que poseemos y muchos de estos profesionales han demostrado que son capaces de dejar la piel en el aula, con ellos podemos iniciar el cambio paradigmático que tanto requieren los países de la región.

 

Sabemos que bregaremos contra corriente, pero no nos importa, el conocimiento surge así, generando tensiones y conflictos cognitivos, de lo contrario no adquiriría su valor con el tiempo. 

 

Si está interesado en implementar el MBD en su institución, municipio, departamento u organización con gusto podemos brindarle la asesoría necesaria, nosotros hemos comprobado con un estudio de caso que con gusto le explicaremos de manera personalizada (Comunidad de Aprendizaje Divergente “Descubriendo”, 2015, México) que no trabajamos sobre supuestos, sino sobre realidades comprobables. Más de 20 años de experiencia de nuestros expertos reconocidos a nivel internacional nos respaldan.