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Información Importante:

* Costo:  $1,500 Pesos Mexicanos

* Otros Países: Se hará el ajuste a la tasa TMR del día.

* Modalidad: VIRTUAL

CONVOCATORIAS CERRADAS

Puedes enviar tu ponencia al correo enlace.cice@gmail.com solicitando una prórroga extraordinaria el comité científico evaluará si es posible entregarle un tiempo adicional.

Gracias por su participación.

Acerca del CIED

El Congreso Iberoamericano de Educación Divergente nace ante la necesidad de estructurar propuestas de acción concretas ante la emergencia educativa a nivel global. Desde lo local, en América Latina y la Península Ibérica, es que requerimos establecer una visión común en torno a las nuevas necesidades sociales de educación, tras 8 encuentros internacionales en diferentes ciudades de la región, incluyendo México, Colombia y España como países anfitriones, el Congreso Iberoamericano de Calidad Educativa se transforma en el CIED, considerando así la necesidad de acciones concretas para la conformación de una visión conjunta que privilegie la mirada de los educadores sobre las políticas públicas desarticuladas o con narrativa de renovación pero que difícilmente permean en el aula.

¿Por qué?

El aula se ha convertido en un campo de batalla en el que el docente no encuentra la ruta para lograr los objetivos que le son impuestos, con las condiciones que le son proporcionadas y bajo el escrutinio cotidiano no sólo de las autoridades educativas, sino de los padres de familia que se han vuelto, por acción de los medios masivos de comunicación, cada vez más demandantes. Ahora el docente no sólo debe instruir, sino educar a los niños, niñas y jóvenes que se encuentran en sus aulas, desarrollando estrategias que les permitan crecer integralmente, sin embargo, se enfrenta a graves dificultades estructurales, desde un modelo educativo que no es congruente con la realidad del país, pasando por una carencia en la preparación inicial docente, la imposibilidad de participar en procesos de capacitación, hasta la falta de recursos físicos y materiales en el plantel educativo.

Ante esta situación la CICE plantea una posibilidad de transformación sin la necesidad del cambio radical de la organización en el sistema educativo, adaptado a los diversos contextos y con la opción de proveer de las herramientas necesarias al docente para enfrentar los desafíos que se le presentan en el aula día a día.

(…) al conocimiento de la educación le compete explicar, interpretar y transformar cualesquiera estado de cosas, acontecimientos y acciones educativas, pero es obvio que,

según el tipo de problemas que estemos planteando, unas veces necesitaremos ciencia de la educación (para reglas y normas derivadas del proceso),

otras veces necesitaremos estudios científicos de la educación, teorías prácticas y teorías interpretativas

(para elaborar reglas para fines dados y orientaciones de la acción hacia determinados efectos que justifica la teoría interpretativa)

y también necesitaremos estudios filosóficos de la educación, cuando queramos hacer fenomenología de un fin en sí,

estudiar la lógica interna del fin dentro del sistema conceptual de Educación o conocer las consecuencias que se derivan para la educación de una determinada concepción de vida.
(Touriñán, 2008c).

La ED se alimenta de esta necesidad, pero también se enriquece desde una concepción axiológica que le permite integrar una visión holística de la problemática educativa desde diversas realidades y sin perder de vista las necesidades profundamente humanas que permean al acto educativo. La mayoría de los modelos educativos que se han implementado en la región latinoamericana han sido tomados de experiencias exitosas en otras latitudes, pocas veces observamos lo que sucede en nuestro entorno cercano y cómo muchos docentes crean sus propias propuestas que logran arraigarse y transformar las comunidades generando así procesos gratificantes en sus estudiantes que posibilitan aprender con mayor fluidez y profundidad. Durante tanto tiempo la institución escolar ha esgrimido la famosa frase “la letra con sangre entra” tomada de la evangelización colonial, que es muy difícil eliminarla en la práctica cotidiana. Aunque muchos educadores, a nivel público, rechazan esta premisa lo cierto es que la practican cotidianamente en su aula, una vez que la puerta ha sido cerrada. No quiero decir con esto que la violencia física se presenta en la mayoría de las escuelas de nuestros países, no, sin embargo, si existen otras facetas de la misma coacción a veces disfrazadas de conductismo, que promete estrellitas o premios, reconocimiento público o bien castigos como dejar al niño sin salir al recreo u obtener una calificación negativa o incluso experimentar el fracaso absoluto (o lo que se aprecia como tal) al reprobar alguna asignatura. La coerción y la obligatoriedad legal crean ambientes poco favorecedores para el proceso de aprendizaje, que se supone, por lo menos en el papel, que es el objetivo de la escuela (frecuentemente confundido con el concepto de educación).

La educación ha recibido dos misiones importantes en los últimos tiempos que, se encuentran contrapuestas: se ha transformado en un ente amorfo, intangible, sin límites definidos, que se piensa que es capaz de abarcarlo todo y por otro lado se ha acotado y constreñido a las paredes de una institución que llamamos escuela. La escuela nos remite a un espacio físico concreto, con características muy definidas, no podemos dejar de pensar, como individuos, en ciertos referentes esenciales, cuando escuchamos la palabra “educación”, entre ellos el timbre del colegio, el recreo, los pizarrones, el ruido del gis; si somos muy jóvenes tal vez pensemos en el sonido del plumón para pintarrón o el proyector, pero siempre nos concretamos a esas paredes, a ese espacio físico en el que se relacionan estudiantes, docentes, directivos y padres de familia, difícilmente pensamos en las calles o en los dispositivos electrónicos como educadores o como espacios de conocimiento, mucho menos los parques o los estacionamientos; los centros comerciales y los supermercados son fuente inagotable de aprendizaje pero no nos referimos a ellos como espacios educativos, ni siquiera los pensamos como parte de un proceso relacionado con la educación. Ellos, se supone, no tienen la obligación de educar, aunque lo hacen constantemente y carecen de toda regulación, normatividad y ni siquiera pensamos que deberían contar con algún tipo de compromiso ético al respecto, hasta nos parece ridículo pensarlo.

La educación se va construyendo todos los días, no sólo cuando somos pequeños, sino a lo largo de toda nuestra existencia. Por norma tendemos a reproducir lo que observamos en nuestro entorno cercano, las conductas, las actitudes, las costumbres, los gestos, no sólo de nuestros padres, como les gustaría a muchos de ellos, sino de todos aquellos con los que tenemos contacto, desde el chofer del autobús hasta la estrella de televisión. El ejemplo y la imitación del mismo son poderosos, no podemos omitirlos o restarles valor, lo único que no podemos determinar con exactitud es cuál será el que un individuo seguirá y si la imitación trascenderá la forma y se convertirá en una transformación permanente de conductas, actitudes y creencias. Esta condición provee al docente de un gran poder de transformación social, pero, al mismo tiempo, le unge con una gran responsabilidad: transformar no sólo sus prácticas sino su conducta en el aula.

Las creencias se traducen en acciones, en conductas y en actitudes también, muchas de ellas se alojan en el subconsciente y nos es sumamente difícil percibirlas con claridad, sobre todo en las pequeñas o grandes acciones cotidianas. Desde luego las hemos aprendido a lo largo de la vida, pero, sobre todo en nuestra primera infancia, cuando muchos de los conceptos no eran claros y nuestra mirada infantil era ingenua o ignorante. Esta ventana de oportunidad de nuestra realidad se abre durante la primera etapa escolar y es ahí donde la acción docente cobra una relevancia mayor, sin embargo, a lo largo de la formación del individuo tenemos la oportunidad de modificar sustancialmente la realidad entera de un país. Generaciones y generaciones enteras pueden cambiar gracias a la intervención de las educadoras y los educadores, tenemos ante nosotros la posibilidad de cambio sin necesidad de esperar al nuevo modelo educativo o a la reforma constitucional que “salvará” a la educación ¿Qué esperamos?

La Educación Divergente plantea ejes de acción clara que se convierten, para este encuentro, en los ejes de trabajo:

  1. Atención a la diversidad (reconocimiento de la heterogeneidad)
  • ¿Educación Inclusiva o integrativa?
  • Capacidades diferentes
  • Discapacidad
  • Habilidades sobresalientes

2.- Herramientas internas necesarias para enfrentar los desafíos de la nueva Era Digital

  • Autorregulación emocional
  • Cultura de paz
  • Neuroeducación
  • Violencia y Bullying
  • Mindfulness y resiliencia

3.- Elevando los estándares (excelencia)

  • Excelencia vs calidad
  • Nuevos horizontes en la educación global
  • Condiciones estructurales para la excelencia
  • Iberoamérica y sus aulas

4.- Rescatando la erudición

  • Literacidad
  • Pensamiento complejo
  • Pensamiento divergente
  • Pensamiento crítico
  • Pensamiento matemático
  • Ciencia y método

5.- Detonando los talentos

  • Inteligencias múltiples
  • Neuromitos
  • Talento y personalidad
  • Estrategias y métodos
  • El arte como didáctica

6.- Educación en tiempos de pandemia

  • El aislamiento y los efectos emocionales
  • La tecnología como sustituto de la experiencia presencial
  • La brecha digital
  • Equidad e inclusión a distancia
  • La escuela emergente ante la emergencia